jueves, 23 de septiembre de 2010

Don Alejo, el abuelo.

A lo largo del viaje, mientras uno va viviendo, soñando y buscando los caminos que despierten la buena música del alma, va regando con recuerdos sus raíces. A medida que uno crece y se va haciendo más fuerte, se da cuenta realmente de qué barro está hecho.
Y la verdad es que a diario me doy cuenta que llevo tu sangre en mis venas, que las cosas que te hacen feliz, también son las que me sacan las mejores sonrisas. Cómo no percibir que soy tan nieta tuya como la lluvia que le pertenece a los cielos… Desde que era una nena fuiste unos de mis pilares más importantes. Me enseñaste que la vida es estar con las personas que amamos, es compartir una comida hecha con nuestras propias manos, es compartir una tarde de mates, es escuchar tus historias con el mundo y las batallas que solito fuiste peleando para lograr todo lo que hoy tenés a tu alrededor. Tanta mezcla de sangre, entre gringos y criollos, hizo de vos un guerrero argentino que se destruyó las manos trabajando toda la vida, con sol, con sombra, con lluvia, con frío y con mucho más calor. Tu vocación de albañil es indiscutible. Sin embargo, para mí sos un artista que con sus manos, crea cosas maravillosas. Tal como hiciste aquella casa que fue el hogar de mi infancia y el espacio perfecto para forjar mis mejores recuerdos de aquél tiempo feliz.
Me llenaste con tus enseñanzas, me convertiste en gran parte de hoy soy, como la mayoría de los nietos. Siempre fuiste experto malcriándonos a todos, teniendo siempre algún caramelo o moneda para que la sonrisa brotara en nuestras caritas; nos diste a probar los sabores más ricos sentándonos en tu falda, porque comer el asado con vos es prácticamente una religión; pusiste tus manos en hamacas y autitos para que tuviéramos con qué jugar cada vez que íbamos a visitarlos a vos y a la abuela; jamás te enojaste y a mi particularmente, me contagiaste los vicios más placenteros: el mate y la guitarra. Desde muy pequeña te escuché cantar y te vi tocando esa caja de madera que yo no conocía, pero me intrigaban los sonidos que de ella sacabas a diario. Me cantaste, me mostraste lo maravilloso de la música, entre mate y mate, y así me forjaste.
Hoy me siento orgullosa y feliz de poder llevarte mi propia guitarra para que sigas tocando y para que me sigas cantando, mientras aprendo mirándote.
Gracias por llenar de vos mis días, gracias por darme el color de tu piel y tus lunares, tus pasiones, tus ganas de vivir y por darme tanto amor. Gracias por ser mi eterna cruz del sur y mi ejemplo constante.
La creación tiene que seguir estando a cargo de los dioses, porque vos no sos un Gómez cualquiera, fuiste hecho con otras tierras, mojado con los elixires más puros de la lluvia. Sos un guerrero amasado con barro valiente. Y gracias a los mismos dioses, llevo tu sangre recorriéndome las venas.
Pero como todos, te querés hacer pasar por normal y te andas tropezando por ahí para demostrarnos que no estás tocado por una varita mágica y que cometes los más humanos errores. Viejito, a los tropezones los superamos, a las lastimaduras las curamos. Pronto vas a andar de nuevo, caminando por el patio, amasando tortas, haciendo tus increíbles asados y bailando un chamamé con tu compañera de vida que mima como nadie. Y ahí vamos a estar todos, mirando y sonriendo, pensando: “¡Este viejo es increíble!”
De hecho, lo sos. ¡Gracias por ser!

miércoles, 4 de agosto de 2010

Una carta

No sé si algún día leerás estas líneas. Sin embargo, siento la profunda necesidad de redactarlas para tus ojos. Tal vez la distancia que nos separa se llene un poco con palabras que quisiera que leyeras; o tal vez es este vacío inmenso, interminable y sin dudas, insoportable que hay dentro de mí desde que ya no comparto charlas con vos merme.
Llevo conmigo una parte crudamente masoquista que sólo quiere hacerse daño con ilusiones fantasiosas pero por otro lado, sigo manteniendo mis sueños apasionados, con alas propias listas para volar cuando vos lo dispongas. Seguramente ya no me recordás o quizás ni siquiera te importe saber qué carajo es de mi vida. Sin embargo, mi alma se ve en la tremenda necesidad de contarte: he conseguido trabajo. Es un paso hacia delante con mis planes de independencia, pero un fuerte retroceso en mis deseos de recibirme rápidamente en la facultad. Dejé de cursar éste año y me dediqué solamente a rendir las materias que ya tenía cursadas. Pero, desde que empecé a trabajar en la empresa no he podido tocar un solo apunte ya que cumplo un horario de comercio y cuando llego a casa solo quiero comer y dormir, al mejor estilo “obrero del trabajo alienado” de Marx. Es paradójico, pero extraño tanto levantarme a las 6:00 a.m. a leer textos larguísimos, aburridos y mal fotocopiados mientras desayuno y de fondo escucho la radio bien bajita para cortar con el incómodo silencio. Ya no estás vos en frente mío para hacer que mis mañanas tengan un tinte distinto cada día, preparándome el café con leche y retándome por la cantidad de cucharadas de azúcar que le ponía a la taza, sintiendo ese olor exquisito que denota que estás calentando facturas o biscochitos para acompañar la leche. A veces la radio se ríe un poco de mí y de la soledad que me rodea y escucho aquellos acordes únicos de la guitarra mágica que me enseñaste a escuchar; es entonces cuando Petinatto me da el golpe certero y empieza a elogiar a ese guitarrista sublime que conforma a esa banda gloriosa y bien rockera, no es para menos. El problema es que escuchar Led Zeppelin sin vos es como tocar un libro, olerlo, ojearlo y no poder leerlo; o querer mirar la luna y que el cielo esté nublado y no poder ver nada. Uno se trepa en la esperanza del primer momento del recuerdo, hasta que cae de golpe al piso y se da con la cara de lleno contra la dura realidad de la ausencia.
Hubo ciertos momentos en el trabajo en los que te evoqué tanto. Ojalá pudiera explicarte lo inexplicable. Entra gente en el negocio a preguntar precios mientras alardean todo el tiempo del dinero que tienen y de lo importantes que son. Y yo me río por dentro y paso por la película de mi cabeza esas charlas eternas en las que hablábamos de la injusticia, la desigualdad social y de nuestros proyectos de cambiar el mundo: vos desde la comunicación y yo desde la educación. Y se me caen las lágrimas cuando en el recuerdo aparece esa frase tuya: “¿Cuándo querés que tengamos a nuestros hijos, antes o después de cambiar el mundo? Mejor después, así ya viven en un mundo mejor.” Esa esperanza, esas ganas, esa sonrisa hasta el día de hoy es mi bandera para seguir luchando por tus hijos que ya no serán míos pero quiero que vivan felices en el lugar que juntos soñamos alguna vez.
Y así voy, intentando caminar. Espero que vos te encuentres bien, después de todo, sé que tenés mucha gente que te ama y te cuida a diario. De momento, yo sólo quería compartirte lo que ya he dicho. Lo extraño es que sigo adelante pero marcada por todos lados y se me complica mucho no mirar para atrás y volver a abrir ese tentador baúl de hermosos recuerdos que juntos supimos llenar de vida. A veces me cuesta caminar sola por la peatonal; más jodido es cuando me cruzo con algún desubicado que usa el mismo perfume que vos y me llena el aire con tu aroma, y es ese el momento en el que me doy por vencida y me digo que no puedo. Puta madre, que valía la pena estar viva cuando me despertaban tus besos y esa voz suave, susurrando el “buen día” en la oscuridad. Detesto haber agarrado la maldita costumbre de dormir de un solo lado de la cama, dejando espacio para uno más.
Tan poco espacio repleto de tanto en tiempos cortos…
Me despido con una sonrisa. Después de todo, no me dejaste ni una sola gota de veneno para que sufra. Todo ha sido un placer imposible de explicar y también de re-vivir. Espero sepas que fui muy feliz y que, a pesar de los ácidos dolores, siempre te amé como creo, no voy a amar jamás. No hay palabras ni canciones ni libros ni pinturas o fotos que puedan dar fe de la felicidad que me invade cuando me doy cuenta de todo lo que compartí con vos, pero ojalá te lleves con vos la certeza de que sos lo mejor que me pasó en la vida y sos el amor de mis días (los que pasaron, los que hoy son y los que vendrán). Cuando alguien pregunte sobre el destinatario de éstas letras sólo diré que se trata de algún tocayo del autor de “La Divina Comedia” que tiene un andar pausado, tranquilo, casi como bailando por el mundo. Diré que vos también escribís y que haces de las letras, un arte exquisito.

jueves, 20 de mayo de 2010

El sueño hecho Realidad



Ayer 19 de mayo fue un día que espero jamás olvidar. Luego de pasar mucho tiempo alejada de los tablones de una cancha de fútbol, volví a acompañar a Patronato en la búsqueda del tan esperado sueño del Ascenso al nacional B. Hace tanto que venía peleando ahí, de muy cerca, rozando ese anhelo tan grande... Y ayer se cumplió!

Desde que entré a la cancha, me invadían los nervios. Mi estómago era una especie de coctelera que no paraba, temblaba, tenía frío y la ansiedad me carcomía por dentro. Hasta que por fin comenzó el partido y todo el color de la salida del glorioso equipo roji-negro que emocionaba hasta las lágrimas se fueron apoderando de mis sentires más profundos.
Durante el partido cantamos, gritamos, alentamos, nos quedamos sin voz y alguno que otro se enojó... Y otros, ya derramaban lágrimas! Al finalizar el partido, se desató la locura: gritamos, nos abrazamos, sonreímos, lloramos... Todo a la vez sin más explicaciones que los dos colores que nos tiñieron el corazón.

Simplemente Gracias al Padre
Grella, quién permitió que su templo anoche se convirtiera en un infierno y por hacer que cada uno de sus devotos anoche se pusiera la armadura y se convirtiera en Húsar del Ejercito endiablado!

En fin, éstas letras van
expresamente dedicadas a aquellas personas que anoche me hicieron comprender lo que no se comprende, sino que se siente... A las personas maravillosas que la cancha me presentó y con las he tenido el enorme orgullo de compartir tardes y mañanas en una tribuna, saltando y gritando.
A ustedes:

- Adrián: (el negro) doctor y presidente, gran persona dentro y fuera de la cancha.
- Xavi: (pendejiiin) amigo, compañero de mates y viajes e hincha roji-negro fervoroso.
- Mín: amigo, compañero de mates y viajes, adulador de piecitos e hincha fanático de Patrón.
- Gabita: amiga, compañera de facultad y de mates, hincha del Rojo y de Patrón.
- Manolo: (perro) profesor de inglés, amigo, hincha exaltado que jamás deja de cantar... Jamás quiero festejar un gol sin vos!
- Santi: el fotografo oficial de Patronato, amigo, compañero de mates y sesiones de fotos. El tipo más bueno que existe en el mundo!!

Y por último y no por ello menos importante:
Facu: (patota) Hermano, compañero de vida y pilar fundamental de mi felicidad. Verte llorar, gritar y dar la vuelta arrodillado me superó y me llenó de emoción hasta que caían mis lágrimas... Creo que ahí entendí!

Gracias a vos, Patrón de Entre Ríos por cruzarme con semejantes personas, y por permitirme verlos completamente Felices!!!

Simplemente: Para no Olvidar...

lunes, 10 de mayo de 2010

Vuelvo a respirar


Como una suerte de despedida o de acto suicida, salto al vacío de este abismo. Por momentos creí que nunca iba a dejar de caer... Después de todo, los sacrificios tan dolorosos que estaban en el camino parecen valer la pena. Mientras caminaba rumbo al filo que separa a la tierra del cielo, crucé desiertos inmensos en los cuales no encontré una gota de agua, y los oasis que vislumbraba eran simples espejismos vagos que no hacían nada más que ilusionarme con la idea de descanso. El único agua posible eran mis lágrimas, fieles compañeras del camino. Bebía de ellas a diario, y a pesar de que la sal me intoxicaba, el agua me regeneraba. Entonces, las dejé fluir en mí. También me animé a atravezar selvas completas, días enteros en los que no paraba de llover, y el agua me inundaba hasta el último rincón de mi alma maltratada. No fue fácil seguir, sabía que los obstáculos iban a ser cada vez peores, más dolorosos y cabía la remota posibilidad de que terminaran conmigo... Pero bueno, supe animarme a intentar. Hubo momentos en los que tuve miedo, me sentí temblar ante la posibilidad de no poder seguir adelante, pero sin dudas, era un viaje que yo tenía que transitar. Te miraba desde lejos, intenté gritarte que me estaba desangrando en esfuerzos por llegar hasta tu puerta. Sin embargo, ya no era importante ni mi sangre ni mi vida. Ya no era relevante el inmenso dolor que llevaba por dentro, así cómo tampoco mis disculpas o mis sentimientos de remordimiento frente a tus ojos. Nada fue suficiente. Al mirarte, me di cuenta de que estaba casi muriendo por una cara sin alma, sin sueños, sin nada... ¿Dónde dejaste esos pedazos tan tuyos que amaba? ¿Qué hiciste con los recuerdos increíbles de cada mirada? Te exijo respuestas en la cara, pero estás completamente perdido, ya no levantás la cabeza, no miras de frente y tu sonrisa se ve descolorada. Ahora parece que necesitas de néctares extraños en exceso para que te saquen de vos mismo y así poder ser feliz, que te aturdan el pensamiento así no escuchás ciertas voces y te apaguen el sentir, mientras bailás entre parlantes enormes que emiten música sin fin; esa misma música que tanto repudiabas precisamente en los mismos lugares que dijiste que odiabas.
Mi cruzada contra tu indiferencia parecía no tener final, me enrosqué una y mil veces por dentro de los recuerdos que en los cajones tengo guardados, sigo sin poder creer en lo que te convertiste, pero así y todo, hasta no hace mucho me hubiera ido al mismo infierno a pelear contra Lilít si hubiera sido necesario para llevarte mi amor, y de hecho capaz que fue un mal inevitable el tener que estar acostada con el demonio mismo para darme cuenta lo infinito de mi amor por vos...
Hoy me quedo con la duda irremediable de si todo esto valió realmente la pena. Si el dolor que pasé traerá algún día feliz a esta vida apagada, rutinaria y por momentos, servil. Te dejo el orgullo intacto de que hayas sido mi gigante, a pesar de que para el resto del mundo seas el enano. Te permito regocijarte en la sangre que derramé a raíz de las estocadas certeras que me clavaste en las interminables batallas, esas que yo misma elegí pelear; te dejo la certeza de haber logrado que mi amar floreciera en primavera, así cómo también supiste ser el verano de mis sonrisas. En fin, quedate con todas las medallas de buena conducta, con los trofeos y con la imagen intacta y sin culpas. Después de todo, el dolor que vos sufriste parece que es el único válido. ¿Quién iba a venir a llorar conmigo, bañada en sangre y en lágrimas, si era yo la responsable de todos los males? ¿Quién me iba a creer de lo mucho que me dolía? ¿A quién le iba a importar que mis ojos verdes estuvieran ciegos, empañados y fríos, completamente perdidos?
Fuiste, como dice una canción, el sol de mi crecimiento. Te llevas lo mejor de mis días y con el corazón, espero que consigas todo aquello que realmente te haga feliz, lo que sea que quieras, ojala lo tengas al alcance de tu mano por el simple hecho de haber sido inmundamente especial.
Y yo, a pesar de ser una rareza incomprendida y un ser repugnante para tu universo, conozco tu lógica, la forma en la que actuas y aunque no puedas mirarme puedo darme cuenta que con sólo un roce de mi mano, te puedo tirar al carajo ese castillo de cristal. A pesar de dejarte todo la gloria, me quedo con una sola satisfacción. Hoy te veo caminar con la cabeza hacia abajo, los ojos vacíos de sueños y las pausas de tu andar ya no reflejan mucho más que tu presencia. Y por más que calles, y no te atrevas a devolverme la mirada te conozco más que nadie, y por más que jamás me lo digas, sé lo que pensás. Tal vez nada de todo lo que te di tuvo sentido, si a fin de cuentas sólo termino siendo una "concecuencia del alcohol".
Pero saltar a este abismo fue precisamente la incitación para desplegar mis alas y volver a volar.

miércoles, 21 de abril de 2010

Te invito a este mundo


En un día como el de hoy, con un enorme cielo azul y miles de rayos de sol bañándonos la ropa, junto algunos pedazos de cartón y empiezo, poco a poco a armar una casa pequeña. La lleno con piedras de distintos tamaños y colores e imagino que están en el borde, entre el mar y la tierra mientras dibujan formas con la arena que se cuela entre los filos y con un horizonte distante, eterno que nos animamos a mirar. El mar nos llena la mirada, nos tiñe los ojos. En este mundo todo puede pasar.

Busco también un poco de hojas, pasto y flores para así llenar de colores un mundo que parece seco y frío. No pretendo que sea perfecto, sólo quiero que lo disfrutes conmigo. También puedo hacer que caiga un poco de agua y así sentiríamos el aroma de la lluvia recién caída sobre un bosque mientras caminamos entre árboles profundos, y algunas montañas que puse para sentir la altura y así poder mirar desde lo más alto.

Pero si nada de esto te gusta, puedo sacar un poco de arena del fondo de mi casa y llenar completamente los espacios de cartón con ella, armo unas cuantas pirámides con piedras y podemos deslizarnos por los médanos de arena con una alfombra mágica, disfrutando del desierto. Y por las noches, podemos acostarnos en la arena helada, si nos da frío, un fuego podemos pintar con unos cuantos colores que el sol nos puede prestar y así mirar para arriba hasta quedar dormidos. Una vez me dijeron que no hay mejor noche que la del desierto.

Sin embargo, nos pueden dar ganas de volar. Bueno, cuando te invité a entra conmigo a este mundo paralelo, te aseguré que íbamos a poder hacer todo lo que quisiéramos. Entonces, si nos dan ganas de volar puedo intentar armar alas, prometo no hacerlas de cera así no nos pasa lo que le pasó a Icaro. Puedo coserlas con tela, o crearlas con papel para que te queden por el resto del tiempo, para cuando quieras volver. Pero si no puedo hacerte alas, puedo llamar a un par de amigas que cuentan con un corcel blanco, y con él cabalgan entre las nubes. Yo las llamo Walkirias, vos podés elegir como llamarlas. Ellas nos pueden montar y llevarnos a pasear una noche completa. Nos pueden mostrar el Valhala, mientras riegan con cerveza los campos de los dioses.

Te invito a este mundo que podemos crear mientras escuchamos canciones alegres o tristes, o tal vez, intentando cantar. Podemos llenar con música el aire y eso si que lo vamos a disfrutar. Podemos hacer de este nuestro propio lugar. También podemos sentarnos a la orilla de un río, sobre piedras o sobre la arena misma de la orilla y charlar, contarnos nuestras historias, reír y también llorar.

Y si no nos alcanza el lugar, podemos irnos más allá. Alguna moto o auto, barco o avión nos podrá llevar, mientras miramos la ruta, el mar o un increíble cielo que parece recién terminadito de pintar.

Y por qué no llevar también algunos libros que nos regalen frases para recordar. Yo después prometo copiarlas en pedacitos de papel y guardarlos en un lugar seguro, dentro de este mundo al que nadie puede llegar. Ahí quedarán esas frases mágicas, cada vez que las necesites escuchar, con mi mano en la tuya y con risas detrás.

Sin embargo, te invito para que vos también me ayudes a crear este mundo. Te invito para que me acompañes, camines conmigo por senderos que no conozco y que veces, pueden dar miedo. Te invito para que me ayudes a mirar entre miles de cosas rebalsadas de luz, y veces en la más profunda oscuridad porque a veces no puedo y además, porque sola no quiero mirar.

Hoy te invito a vos, mañana podemos ser muchos más. Sabés que podés traer a quién quieras, la única cosa que te pido es que los que vengan, tienen que tener ganas de soñar, de imaginar y de crear. Y te invito porque se que te va a gustar desafiar al cielo, a la tierra, a la luz y a la oscuridad. Te invito a vos porque sé que comprendes que acá no hay razones puras ni imperativos para actuar, vos sabés que el único límite que propongo es todo aquello que podemos imaginar.

viernes, 2 de abril de 2010

Miradas... y no mirar


Si me mirás, tengo que caer en la realidad de que ya no camino... Siento que vuelo por nubes de papel de cigarrillo. Teniendo frente a mí un par de ojos claros, profundos con una tierna vergüenza que hace que vuelvas hacia atrás y sonrías hace que mi día se convierta en algo diferente, en otra cosa. Ya no es un día, ya no son horas, sólo golpazos alocados en el pecho, largas horas de desvelo mientras añoro con lágrimas abrazos ausentes. Tal vez tus ojos podrían regalarme un poco de paz. Quizás tendría una nueva razón para soñar y pensar que no todo está tan perdido y que todavía se puede amar. Capaz tenga una nueva posibilidad de llegar a la felicidad...

O quizás no. Quizás ni siquiera te des cuenta de que existo, quizás nunca te detengas a mirarme seguro y con ganas de seguir mirando. Tal vez mis sueños son los espejismos que me inspiran a seguir caminando en este desierto de soledad, buscando a gritos un pozo de agua fresca que me devuelva la cordura y tantas otra cosas que tuve que dejar atrás.

Hasta hace unas semanas, me sentí sucia. Llena de culpa, con un montón de jueces que me señalaban con el índice y gritaban desde todos los rincones que tenía que hacerme cargo de las decisiones que tomaba. Y así lo hice... Pero, agregó un par de condimentos más. Por lógicos motivos, asumo mis errores y culpas. Sin embargo, recuerdo que no soy la única que jugaba la partida sino que enfrente estaba aquel flaco pálido, de ojos marrones intensos pero ya a estas alturas apagados por la máscara que los esconde.
Frente a él, perdí miles de batallas. Sangré litros completos con cada mirada, con cada daga certeramente enterrada en un punto estratégico de mi alma.
Pero la guerra parece darme un poco más de calma... Yo jamás usé la máscara! Siempre fui al frente, con mi espada al brazo y mi alma dirigiendo mis acciones. El flaco no pudo. Se rindió frente a las luces brillantes de la noche y esa máscara le sirve para creerse que al menos puede ser feliz.
Hoy me siento plenamente libre. Ya no siento culpas ni suciedades atoradas en los resquicios de mis sentires más profundos. Cumplí mi más enorme condena: logré aceptar que soy humana, que puedo equivocarme y que soy mucho más que una consecuencia del alcohol. Por eso me animo a desafiarte y mirarte a la cara a ver si podés mostrarme los ojos... De hecho, no podés!

Por eso, hoy si me animo a mirar otro ojos que sí me miran fijo, me sonríen y no pretenden mucho más que mirar... No se sabe que pasará, pero yo tengo ganas de probar!

jueves, 29 de octubre de 2009

Todo es Natural...


Al día de hoy, surgen nuevos temas que me interpelan y me ponen los nervios de punta. Se supone que vivimos en sociedad y que ésta sociedad trabaja para ser cada vez mejor, y que todos los que participamos en ella, tengamos una mejor "calidad de vida". Bueno, parece no ser tan así...

Ésta sociedad es asquerosamente excluyente, y sus planes de ser mejor se basan en excluir cada vez más a los sectores pobres, que ya han conformado una cultura diferente que tiene como principal base la Ley del más Fuerte, y escondiendo, echando, barriendo las desigualdades sociales que traen aparejado una determinación lógica de las condiciones materiales. Es mucho más fácil decir que el que es pobre es porque quiere serlo y quiere una vida más fácil. Que poco que entendemos si hablamos desde la soberbia que nos brota por los poros, y andamos arriba de un auto 0km (cero kilómetro) y nuestra vida está sobrada de objetos materiales.

No juzgo a las personas que piensan distinto, pero si me interesa plantear que la pobreza no es algo natural, y que Dios a unos quiere mucho, a otros no tanto y a la mayoría, no los quiere nada y por eso los mata de hambre. Creo que cada uno tiene el derecho de opinar, pero si vamos a emitir juicios sobre la realidad en la que vivimos, sería bueno tener la obligación de intentar comprender la complejidad de las clases sociales, de las culturas excluidas y del por qué de la inseguridad. Tenemos generaciones completas que se matan con diferentes tipos de drogas, desde las clases más altas (en la que circula la cocaína y el éxtasis) hasta los sectores populares más bajos (dónde el Paco está a la orden del día, y la marihuana es un privilegio), y hay dolor. Mucha indiferencia que genera que todo duela aún más... Hace mucho que el asistencialismo dejó de ser la pastillita mágica para el dolor. La escuela "ya no es lo que era" dicen todos. Y qué era antes? Ahora se cuelan por todos lados las enormes fisuras que tenemos como sociedad, y es lógico, la escuela no puede cerrar las puertas a eso, ya lo intentó y salió bastante mal. Ya lo decía don Freud, "Todo lo que se reprime, retorna" y potenciado le agregaría.

Sería interesante que dejemos de mirar para arriba para subir los tan ansiados escalones del éxito, justificando con naturalizaciones aberrantes y poniendo a Dios como juez de las condiciones sociales, mientras pisamos cabezas ajenas. Sin dudas, sería bueno mirar un poco a los costados para verle la cara al que tenemos al lado e intentar darnos un poco las manos... Pero está más que difícil si cada vez nos encerramos más en nuestras ambiciones propias.