Mi cruzada contra tu indiferencia parecía no tener final, me enrosqué una y mil veces por dentro de los recuerdos que en los cajones tengo guardados, sigo sin poder creer en lo que te convertiste, pero así y todo, hasta no hace mucho me hubiera ido al mismo infierno a pelear contra Lilít si hubiera sido necesario para llevarte mi amor, y de hecho capaz que fue un mal inevitable el tener que estar acostada con el demonio mismo para darme cuenta lo infinito de mi amor por vos...
Hoy me quedo con la duda irremediable de si todo esto valió realmente la pena. Si el dolor que pasé traerá algún día feliz a esta vida apagada, rutinaria y por momentos, servil. Te dejo el orgullo intacto de que hayas sido mi gigante, a pesar de que para el resto del mundo seas el enano. Te permito regocijarte en la sangre que derramé a raíz de las estocadas certeras que me clavaste en las interminables batallas, esas que yo misma elegí pelear; te dejo la certeza de haber logrado que mi amar floreciera en primavera, así cómo también supiste ser el verano de mis sonrisas. En fin, quedate con todas las medallas de buena conducta, con los trofeos y con la imagen intacta y sin culpas. Después de todo, el dolor que vos sufriste parece que es el único válido. ¿Quién iba a venir a llorar conmigo, bañada en sangre y en lágrimas, si era yo la responsable de todos los males? ¿Quién me iba a creer de lo mucho que me dolía? ¿A quién le iba a importar que mis ojos verdes estuvieran ciegos, empañados y fríos, completamente perdidos?
Fuiste, como dice una canción, el sol de mi crecimiento. Te llevas lo mejor de mis días y con el corazón, espero que consigas todo aquello que realmente te haga feliz, lo que sea que quieras, ojala lo tengas al alcance de tu mano por el simple hecho de haber sido inmundamente especial.
Y yo, a pesar de ser una rareza incomprendida y un ser repugnante para tu universo, conozco tu lógica, la forma en la que actuas y aunque no puedas mirarme puedo darme cuenta que con sólo un roce de mi mano, te puedo tirar al carajo ese castillo de cristal. A pesar de dejarte todo la gloria, me quedo con una sola satisfacción. Hoy te veo caminar con la cabeza hacia abajo, los ojos vacíos de sueños y las pausas de tu andar ya no reflejan mucho más que tu presencia. Y por más que calles, y no te atrevas a devolverme la mirada te conozco más que nadie, y por más que jamás me lo digas, sé lo que pensás. Tal vez nada de todo lo que te di tuvo sentido, si a fin de cuentas sólo termino siendo una "concecuencia del alcohol".
Pero saltar a este abismo fue precisamente la incitación para desplegar mis alas y volver a volar.




